domingo, 15 de septiembre de 2019



Guatemaltecos infectados de sífilis por Estados Unidos

Entre 1946 y 1948 un equipo médico del gobierno estadunidense realizó un experimento humano en el cual se infectó con bacterias de sífilis y gonorrea a prisioneros, soldados y hasta enfermos mentales con el objetivo de analizar los efectos de la penicilina para tratar estas enfermedades. Durante los experimentos, se utilizó a prostitutas enfermas para contagiar a individuos privados de libertad, soldados o pacientes de manicomios. Al comprobarse que eran muy pocos los hombres que se habían contagiado, se pasó a la inoculación directa, inyectando la bacteria de la sífilis en el pene, el brazo o la espalda de las víctimas. Se sitúa la cifra de guatemaltecos infectados en 696.


A algunos se les ofreció penicilina, pero no se sabe cuántos fueron efectivamente tratados. No hay ninguna prueba de que los afectados otorgaron permiso consciente de las consecuencias y de hecho, muchos fueron engañados sobre lo que se les estaba haciendo. Según los archivos, el gobierno guatemalteco otorgó permiso para realizar la investigación.

El doctor Cutler, responsable del experimento humano en Guatemala, es el mismo investigador del gobierno que encabezó un estudio rastreando a 600 hombres afroestadunidenses en Alabama infectados por sífilis, entre 1932 y 1972, sin jamás ofrecerles tratamiento.

Este caso permanecía en silencio hasta que la profesora de historia médica Susan Reverby, del Wellesley College, descubrió archivos del difunto doctor John. Al parecer, la investigación fue financiada con una beca de los Institutos Nacionales de Salud a la Oficina Sanitaria Panamericana, hoy conocida como la Organización Panamericana de Salud.

Una violación a los Derechos Humanos

Resultado de imagen para guatemaltecos infectados con sifilis y gonorreaTras enterarse de este caso muchos médicos estadounidenses, reconocieron la falta de ética al experimentar con seres humanos.Se violaron muchos de los códigos establecidos para este tipo de procesos y realmente no se tuvo respeto a estas personas, pues ni siquiera fueron informados que serian parte de un experimento y mucho menos como seria el proceso. Tanto la Declaración de Helsinki como el Informe Belmont nos habla de que ninguna investigación debe ir por encima de una persona. De igual forma se rompe la importancia de la beneficencia, pues se rompen las dos reglas primordiales, la de no hacer daño y la de aumentar los beneficios y disminuir los posibles daños lo más que sea posible. Y en este caso al menos 83 de los guatemaltecos que participaron en los experimentos murieron antes de 1953 por complicaciones de salud vinculadas con los tratamientos ilegales que recibieron.
De igual forma en ambos documentos se hace presente la importancia de tener una muy buena y casi exacta investigación antes de pasar a la experimentación y en este caso la penicilina era bastante reciente, sobre todo para el uso de la sífilis, y querían saber cómo su medicamento iba a funcionar con pacientes vivos y cómo evolucionaba la enfermedad.

“Una vez fui al cuartel general y allí me abordaron. Un hombre vestido de blanco, que me iba a poner una inyección y me decía en inglés this is good for you”. cuenta al mundo Héctor Bardales, de 88 años, quien fue inoculado con sífilis mientras prestaba servicio militar en su país cuando tenía 19 años. En aquel momento no sabía que acababa de entrar a formar parte de los más de 1.500 guatemaltecos con los que el gobierno estadounidense experimentó. Y así como el existen muchos testimonios más de personas usadas como conejillos de indias, donde por ser prisioneros o enfermos les quitaron el valor a su vida, incluso en algunos casos no recibieron ningún tratamiento o se les suministró un tratamiento parcial para continuar viendo la evolución de la enfermedad.Simplemente los condenaron a una vida muy mala.

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Héctor Bardales. Víctima.

Los Estados Unidos acotaron que en la actualidad, los reglamentos que gobiernan la investigación médica en seres humanos financiada por ese país prohíben terminantemente este tipo de violaciones atroces y se afirmó que se está realizando una profunda investigación al respecto, “estamos iniciando una minuciosa investigación con respecto a los detalles de este caso de 1946.




Conclusiones

A pesar de que estas afirmaciones no han sido confirmadas por ninguna institución, de ser cierta, sería abrumador el nivel de crueldad que puede alcanzar un ser humano, incluso cuando solamente se siguen órdenes. Es por esto que es menester del gobierno guatemalteco abrir una investigación más detallada de los hechos, hacer pagar a los culpables y pedirle perdón al pueblo que decepcionó: su propio pueblo.
El experimento mencionado atenta contra la propia Humanidad, pues deja claro el nivel de daño sin remordimientos ni intentos de reparación que una persona es capaz de hacer incluso a pesar de haber jurado preservar la vida humana. Es todavía peor si tomamos en cuenta que fue ejecutado en personas pertenecientes a grupos vulnerables (indígenas, soldados de bajo rango, niños incluso), aprovechándose de su situación cultural y de su nulo acceso a servicios de salud. 
Consideramos que muchas veces es imprescindible y necesario estudiar los efectos de un nuevo tratamiento en humanos, pero es igual de importante respetar sus derechos, apegándose a las normas éticas y verificar el pleno conocimiento de los procedimientos a los que se someterán dichos pacientes, notificándoles las posibles consecuencias tanto positivas como negativas, en un entorno probabilísticamente favorable para el paciente y en las mejores condiciones y disposición de fomentar el bien por sobre un daño (lo menos invasivo, dañino o mortal posible). 
Aquéllos que a pesar de conocer las desventajas del proceso al que se someterán deciden continuar son los verdaderos héroes que no visten capas y que mucho menos estamos acostumbrados a ver en la pantalla grande, héroes discretos que arriesgan su vida en favor de la Humanidad.
También concluimos en que es importante realizar experimentos en humanos solamente como último recurso, es decir, si se puede experimentar con un porcentaje de efectividad alto en otras especies, es mejor hacerlo así, respetando también el sufrimiento de los mismos (hacer solamente el mínimo necesario).
Como profesional siempre debes analizar el costo beneficio de los procedimientos que vayas a realizar, así como las secuelas que tus acciones podrían generar, pues éstas podrían afectar incluso a las generaciones futuras. 


Si deseas conocer más de este caso, te recomendamos revisar las siguientes ligas:



Noticia de la BBC: “El drama de los guatemaltecos infectados de sífilis por EE.UU” - por Elvira Palomo.
Retirado de https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150406_guatemala_sifilis_ep

Video: “EEUU inaculó a cientos de guatemaltecos con la sífilis y la gonorrea” por Hispantv. Retirado de https://www.youtube.com/watch?v=z35FekR2nPA

sábado, 14 de septiembre de 2019


Experimentos de radiación en Cincinnati

En el Hospital General de Cincinnati se realizaron una serie de pruebas de radiación corporal total a al menos 90 pacientes con cáncer avanzado, 62% de ellos afroamericanos de clase trabajadora. Estos fueron realizados para ver cómo los soldados de la guerra nuclear se verían afectados por grandes dosis de radiación. La radiación fue diseñada, pero no probada, para ser administrada de manera unidireccional para reflejar la exposición de un soldado; y la irradiación se administraba en una dosis, diferente de la práctica médica estándar en ese momento.
Cincinnati General Hospital

Los encargados del experimento administraron entre 25 y 300 rad de irradiación corporal total y parcial de cobalto-60, radiación equivalente a 20 000 radiografías de tórax, en cuestión de horas. Los participantes experimentaron nauseas, vómitos, hemorragia, alucinaciones, deterioro cognitivo y ¾ murieron al año.  A pesar de ello, los doctores encargados afirmaron que el cáncer era el factor principal en la muerte de los pacientes y que la irradiación tenía beneficios para el 31% de los pacientes.

Los experimentos se realizaron sin el consentimiento de los pacientes durante los primeros 5 años y con niveles de consentimiento controvertidos luego de eso. En 1965, los pacientes recibieron formularios de consentimiento, pero estos no mencionaban ningún efecto secundario relevante de las radiaciones ni mencionaba la posible muerte del participante.

Dr. Eugene Saenger. Encargado de la investigación

  
Manera en la que se violaron los derechos humanos de los involucrados

Un punto que resaltan tanto la Declaración de Helsinki como el Informe Belmont es la importancia de que el experimento a realizar este basada en estudios previos de laboratorio suficientes para sustentarse y tener una evaluación minuciosa de los riesgos y beneficios del mismo.

Otro aspecto muy importante y que causó mucha controversia, aún después de que el proyecto finalizó, es la falta de información que se les otorgó a los participantes. Ambos reglamentos dicen que el responsable del proyecto no sólo tiene la responsabilidad de dar toda la información al candidato sobre el experimento a realizar y sus posibles efectos, sino que también debe corroborar que este lo entiende todo a la perfección. La información limitada sobre los efectos de la radiación fue un tema importante en ésta experimentación,  ya que esto impedía la posibilidad de que en realidad se pudiera otorgar “consentimiento informado”.

Y es importante recalcar que aún con el consentimiento del  paciente, las investigaciones nunca deben sobreponerse al bienestar de las personas. Por lo tanto, considerando que en los primeros 2 meses se reportó que ¼ de los participantes murieron, los experimentos debieron cancelarse de inmediato.

Pero lo más preocupante es cómo se combinó el tratamiento de estos pacientes y un experimento, está establecido que el tratamiento y una práctica experimental pueden juntarse si esto brindará beneficio a la situación del paciente, sin embargo, en este caso, la investigación ni siquiera era para brindar los participantes un beneficio, era de propósitos militares.

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Para mayor información recomendamos el libro "The Treatment: The story of those who died in the cincinnati radiation tests".